El aprendizaje nace en un alto porcentaje de
nuestras experiencias, y sobre todo de nuestra reelaboración, reestructuración,
y reflexión sobre estas. El niño se relaciona con el medio y con los elementos
que lo conforman para comprender el mundo que les rodea.
Como maestros debemos crear experiencias
enriquecedoras e interesantes para que los niños aprendan de manera
significativa, tanto en el aula como fuera de esta. Los maestros tenemos el
papel de guías en este aspecto, porque es totalmente necesario que los niños
sean los principales protagonistas de su acción sobre el entorno.
Las actividades experimentales suponen un elemento
muy motivador para los niños, además de acercarles más al conocimiento del
mundo. Estas actividades deben estar acompañadas siempre de un comportamiento
reflexivo e investigativo, que el profesor tendrá que fomentar en el alumnado.
La investigación supone introducirnos en un mundo
nuevo, en el que cada aspecto que encontramos es información que podemos
aprovechar. Si echamos un vistazo al currículum, encontramos que los contenidos
y la metodología se basan en las experiencias, lo único que no especifica es
que tipo de experiencias. Las experiencias en el campo de la ciencia otorgan
saberes bastante concretos y de campos muy específicos, pero que no deberían
quedarse en meros hechos aislados. Estos deben utilizarse como medios para
comprender acciones mucho más generales, cosas mucho más amplias y elaboradas,
cosas que no tendrían ningún sentido sin esa experiencia concreta y básica.
La gravedad no es nada más que una manzana que cayó
de un árbol.
No hay comentarios:
Publicar un comentario